Para ser más concretos, se trata de la combinación de un sensor óptico y una micro-cámara que pueden detectar todo tipo de superficies, además de los gestos que hacemos con el dedo. Para mejor la micro-cámara puede leer códigos QR, esos pequeños cuadrados blancos que parecen códigos de barras.
La gracia es que se puede programar para hacer diferentes acciones según la superficie con la que se interactué. Así podrías por ejemplo tocar sobre la mesa para iniciar una aplicación o usar la parte trasera de un tablet como pantalla táctil. Incluso si dos personas tienen el Magic Finger podrían transferir información solo uniendo sus índices.
Esta tecnología junto a Smart Glass de Google o Ibeam pueden ser la interfaz del futuro. Y dejar en evidencia a los ya añejos ratones y teclados que llevan décadas con nosotros. Claro que su desarrollo es temprano y hay varios problemas que solucionar, como el hecho de que es algo antiestético y, como todo, hay qye ver si en la vida real es tan práctico como parece en el siguiente vídeo:
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